Las Celadoras del Reinado del
Corazón de Jesús tenemos como Carisma extender
el Reinado del Corazón de Cristo por medio del
amor. Para hacerlo realidad nos servimos de
los medios que tenemos a nuestro alcance en el
trabajo donde nos movemos. Nuestro campo de
misión se extiende a catequesis, enseñanza,
residencias, parroquias, misiones y todo tipo de
actividad donde se pueda dar a conocer el mensaje
de amor de Jesús. La Celadora tiene que arder en
celo por las almas y hacer que reine el amor en
todos los lugares de la tierra. Nuestra
Congregación tal como diseñó nuestra Fundadora
y como se nos aprobó, está consagrada y
destinada a extender su Reinado por todo el
mundo.
El amor gratuito, que es Dios, hecho
presente en Jesús y que ha inundado nuestros
corazones por medio del Espíritu Santo y que se
nos ha dado, como refiere San Pablo en Efesios
3, 1.13, nos llama a corresponder con la donación
sin reservas de cuanto somos y tenemos, a fin de
que las riquezas inagotables de la Caridad
encerradas en el Corazón de Cristo sean
experimentadas y conocidas por los seres humanos a
quienes el Señor nos envía. (Tomado de nuestras
Constituciones, número tres).
El celo apostólico que lleva implícito
nuestro nombre, nace y se nos da como don del
Corazón de Cristo y quiere imitar el celo
sacrificado de Jesús por vivir la voluntad del
Padre que es la salvación de todo ser humano.
Esta pasión por Cristo y su Reino está
explicitada en estos términos por nuestra
Fundadora: "La esencia de la Celadora, y
del Evangelio, es arder en fuego de amor y de
caridad con todo prójimo sea como sea" (Pensamientos
de M. Amadora, nº 52). Alimentamos este fuego
asiduamente en la oración y en la Eucaristía,
compartiéndolo con nuestras hermanas y
estimulándolo con nuestras labores apostólicas.
Así contribuimos a enriquecer y reavivar sin
cesar el celo misionero de la Iglesia. Como dice
M. Amadora: "El amor nunca dice
basta" (libro de sus pensamientos, nº
232).
Característica esencial de nuestro Instituto
es una exquisita caridad, que todos los miembros
manifestamos tanto en los pequeños detalles como
en cualquier servicio generoso, y la expresamos
conforme a las actitudes del Corazón de Jesús en
forma de misericordia, de acogida, de compasión,
de servicio generoso y de amor sin límites. Así
es nuestro Carisma y así nos lo ha dejado marcado
en nuestras vidas la Madre Amadora. |