Conferencia de
la Madre General, Francisca Sierra, en Valladolid el
4 de junio de 2.005
LA MADRE AMADORA: EL AMOR A LA EUCARISTÍA, FUENTE DE SU OBRA SOCIAL
VI SEMANA DEL CORAZÓN DE JESÚS- VALLADOLID-
FRANCISCA SIERRA GÓMEZ, c. r. c. j.
Valladolid 4 de Junio de 2005
LA MADRE AMADORA: EL AMOR A LA EUCARISTÍA, FUENTE DE SU OBRA SOCIAL
1.- Introducción
2.- Quién es la Madre la Amadora. Breve perfil
3.- Cómo entendió y vivió la M. Amadora su amor a la Eucaristía y cómo la proyectó en su Obra Social.
3.1 Como el regalo más hermoso y valioso que el Corazón de Jesús da a la humanidad y que ella necesita dar a conocer con urgencia
3.2 Como exigencia de su Amor que nos transforma y nos compromete.
3.3 Como envío a la misión que nos lleva a un compromiso de entrega y solidaridad a favor de las personas más pobres y más necesitadas
4.- La Eucaristía, base de la civilización del amor, en la Obra Social de la Madre Amadora
5.- Somos evangelizadores del mensaje de amor, perdón y misericordia del Corazón de Cristo en nuestra sociedad.
1.- INTRODUCCIÓN
¡Buenas días!
Estimados sacerdotes, religiosos, religiosas, miembros de nuestros Colegios de Madrid y Valladolid, amigos y todos los asistentes a esta conferencia en la VI Semana del Corazón de Jesús.
Agradezco enormemente vuestra presencia y sobre todo el haber cedido vuestra mañana de sábado para escuchar mi ponencia.
Cuando D. Francisco me pidió que si quería participar de nuevo, no pude negarme a ofrecer mi pequeña aportación en esta maravillosa misión de dar a conocer el Amor de Cristo; así que aquí estoy de nuevo con vosotros para exponer el tema del amor eucarístico de la Madre Amadora en su Obra Social y, realmente, lo hago con mucho gusto e ilusión, después de haber celebrado ayer la Fiesta del Corazón de Jesús tan importante para la Iglesia y para nuestra Congregación y justo hoy día de la clausura de esta grandiosa Semana del Corazón de Jesús. Sinceramente os confieso, que hablar del Amor de Cristo-Eucaristía es un tema que me apasiona y más cuando lo vemos plasmado en la vida de nuestra Fundadora, la Madre Amadora Gómez Alonso.
Quiera Dios que mi exposición nos ayude a amarle más y mejor. Gracias, D. Francisco, por darme de nuevo esta oportunidad de hablar de nuestra Fundadora cuando, como bien sabéis, estamos en pleno proceso de canonización, abierto en Junio del año pasado por nuestro Arzobispo y cuyo Postulador es D. Francisco.
Y, ya sin más preámbulos, doy comienzo a mi exposición. Quisiera que no os resultase aburrida y si así es, pido disculpas. Intentaré ser clara y breve y os prometo hacerlo lo mejor que pueda y sepa. Pido al Señor que me utilice para hablar de Él como se merece.
A la hora de preparar mi intervención y, ajustándome al título que se me ha pedido, he querido que su desarrollo tenga un orden lógico y así la he dividido en los apartados que tenéis reflejado en el guión que se os ha repartido a la entrada.
En primer lugar considero fundamental, aunque sea brevemente, mostraros un rápido perfil de la Madre Amadora. A continuación paso a exponer cómo entendió y vivió el amor a la Eucaristía y cómo lo proyectó en su Obra Social que considero reflejado en tres facetas que ella sintió así; como el máximo regalo del Amor del Corazón de Cristo, como exigencia de Su Amor y como envío y compromiso a la misión.
En otro punto desgloso la relación de la Eucaristía, base de la civilización de amor, con la Obra Social de la Madre Amadora y, por último, cierro mi exposición considerando la urgente labor que tenemos todos como apóstoles enamorados y comprometidos en la extensión del Reino de Cristo.
Pues bien, comenzamos con el primer punto
2.- QUIÉN ES LA MADRE AMADORA. BREVE PERFIL
Creo lógico y necesario dar unas pequeñas pinceladas del perfil de la M. Amadora Gómez Alonso antes de pasar a desarrollar su espiritualidad, aunque ya todos conocemos su historia y la huella que nos ha dejado por todos los medios de difusión; boletines, biografías y escritos publicados.
Pues bien, la Madre Amadora nació en un pueblecito de Salamanca llamado Aldeaseca de Alba en 1907. Ya desde muy joven sintió que Dios la quería para sí y a los quince años se entregó al Señor ingresando en la Congregación de las Siervas de San José, donde tenía ya dos tías religiosas. Ella misma dirá en su diario: “Efectué mi ingreso en la Congregación a los 15 años y estuve encajada, satisfecha y entregada a Dios en ella”. Desde muy joven le atraía el amor del Corazón de Jesús y mantenía con Él una fuerte intimidad. Así lo ha dejado reflejado en sus escritos
Siente en su interior muy profundamente que tiene que dedicarse a los pobres y abandonados y ve que en su Congregación no podía realizar el deseo que el Corazón de Jesús insistentemente le pedía. El Señor quiere de ella otra forma de vida, pero todo fuera de su Congregación. Ella misma nos lo dice: “Venía sintiendo en mi interior las frases que en tono lastimero se me venían repitiendo: “Tengo ansias de reinar”, “Mi Corazón tiene insaciable sed de almas”, “Sígueme en mi Obra de Amor”, “Los pobres, los abandonados... y todo fuera de la Congregación”. Así se lo hizo sentir el Corazón de Jesús. Y, abandonada, puesta en sus manos y con una fe fuerte a lo que Dios le pedía, el 25 de marzo de 1942, pronunció su incondicional “¡Fiat!” entregándose por completo a la Obra que el Señor le pedía: la Congregación de Celadoras del Reinado del Corazón de Jesús.
Así nacimos y así veía la luz una nueva Congregación en el seno de la Iglesia dedicada a extender el Reino de Jesús en los lugares más necesitados. Así nacía una Fundadora. Después de muchas vicisitudes deja con dolor su querida Congregación de las Siervas de San José cuando más encajada estaba y, poniéndose en manos del Señor, inicia su nueva aventura.
Siguiendo la línea de San Ignacio y ayudada por personas muy amantes del Corazón de Jesús en aquella época, como el P. Alcañiz, S. J. el P. Igartua, S.J., D. Benito (sacerdote) y Monseñor Alonso Muñoyerro (Arzobispo Castrense de Sión), da comienzo la Fundación de la naciente Institución el 31 de agosto de 1944 en Alcalá de Henares, en la noche del Primer Viernes, para más tarde establecerse en un precioso pueblo de Zaragoza, Monreal de Ariza. Pero el desarrollo de la Congregación, querida por el Corazón de Jesús, comienza cuando definitivamente se establecen las Celadoras en Cuenca el 8 de abril de 1949, obteniendo la Aprobación definitiva como Congregación por Juan XXIII en al año 1959.
Movida por su ardoroso celo por las almas y por el deseo de extender el Reino del Corazón de Jesús, la M. Amadora realiza nuevas fundaciones que hacen que la Congregación se extienda por diversos lugares: Huete (Cuenca), Mota del Cuervo (Cuenca), Arcos de Jalón (Soria), Madrid (3 casas), Salamanca (2 casas), Valladolid, Lima (Perú) y la misión del Alto Marañón (Perú).
Su deseo de almas y su ansia de extender el Reino del Amor de Cristo hacen que su vida transcurra llena de entrega y de sacrificio constante. El excesivo ardor que siente por el Reino le lleva no sólo a abrir nuevas comunidades, sino a ayudar a muchas personas necesitadas. Lucha por este Ideal hasta su muerte, acompañada siempre de una salud mala y precaria hasta el final de sus días.
Aquejada de una rápida diabetes, muere en Valladolid el 3 de mayo de 1976 el día de la Fiesta de la Santa Cruz con el ansia de ver extendido el Reino del Amor del Corazón de Cristo. Sus hijas acogimos su deseo de morir aquí en Valladolid junto al Santuario de la Gran Promesa tan querido por ella. Sus restos descansan en esta ciudad esperando que un día, no muy lejano, la veamos glorificada.
La muerte de M. Amadora, destacada por signos visibles extraordinarios, da fe de la santidad que había envuelto toda su vida. Despidiéndose de todas sus hijas rememoró la escena de Jesús en el Jueves Santo pidiéndonos perdón con estas frases, que todas llevamos impresas en nuestro corazón:“Hijas mías, perdonadme, el Reino, el Reino del Corazón de Jesús y el celo de veros santas y amantes del Corazón de Jesús os ha hecho sufrir por mí. Perdonadme”. “Os recomiendo el amor y la unidad de Jesús en la última Cena”
Y llamándonos personalmente, nos fue recomendando lo que más necesitábamos cada una. Así se despidió para siempre de este mundo para entrar en el Reino del Padre repitiendo: “Jesús mío, te amo”. “Te he amado siempre”. “Entrego mi vida por la Iglesia y la Congregación, como siempre lo he hecho”. “He terminado la Obra que el Corazón de Jesús me ha pedido”. “En Tus manos me pongo”. “Hágase conforme a tu voluntad...”. Jesús, al que ella tanto quería, se la llevó para que se durmiese definitivamente en su Corazón.
Como veis ya desde muy pequeña y a lo largo de toda su vida, la Madre Amadora fue una mujer especial, escogida y predestinada por el Corazón de Jesús para ser un modelo de su apasionante Amor, como se está viendo en su Proceso.
Si queréis conocer más sobre su vida y sobre su obra lo podéis encontrar en las publicaciones de la B.A.C. de su vida y escritos.
A la salida se repartirá su novena para que acudáis a ella, nos haga algún milagro y así, pronto la podamos ver entre los santos de la Iglesia
3.- CÓMO ENTENDIÓ Y VIVIÓ LA M. AMADORA SU AMOR A LA EUCARISTÍA Y CÓMO LA PROYECTÓ EN SU OBRA SOCIAL.
Analizando su vida y sus escritos rápidamente se ve esta faceta y cómo lo proyectaba:
3.1.- COMO EL REGALO MÁS HERMOSO Y VALIOSO QUE EL CORAZÓN DE JESÚS DA A LA HUMANIDAD Y QUE ELLA NECESITA DAR A CONOCER CON URGENCIA.
Efectivamente, la Eucaristía fue el regalo máximo que el Corazón de Cristo nos da y que ha dejado a la humanidad de forma gratuita e incondicional.
En la Eucaristía está vivo el Corazón de Cristo y, aunque en una débil y blanca Hostia parece dormir el sueño de la impotencia, no es así. Vela tanto si pensamos como si no pensamos en Él. Nunca reposa. Día y noche está de centinela en todos los Sagrarios del mundo. Nos cuida, nos sigue y nos espera para consolarnos, para ayudarnos, para acompañarnos y para fortalecernos.
La relación entre Eucaristía y Corazón de Jesús es estrechísima, En ella adoramos, entramos en acción de gracias e impetramos por tantas necesidades que nos acosan. El culto eucarístico es la respuesta de nuestra correspondencia al Corazón de Jesús que late de amor por nosotros.
* Así entendió la M. Amadora la Eucaristía y su relación con el Corazón de Jesús. Y así lo expresa en sus escritos. Fue una mujer de fe, convencida del excesivo Amor de Dios que continuamente lo experimenta en su vida. Enraizaba su fe en la confianza profunda en el Corazón de Dios, en el abandono y en la aceptación a Su Voluntad. Esta docilidad y humildad generan en ella una potente fortaleza tal, que le lleva a sacar adelante la Congregación que el Señor le pedía a pesar de las continuas dificultades que tuvo que atravesar.
Los muchos espacios de “Sagrario” y la práctica de su lema; “Ora, sufre, calla y espera”, le dan la energía necesaria para superar todos los avatares de la nueva Fundación.
Su relación con Jesús- Eucaristía transcendía a simple vista. Estaba
plenamente enamorada. Cualquier conversación con ella dejaba traslucir su intimidad con Él en sus largos ratos de Sagrario. La fidelidad a lo que veía expresado como deseo de Dios y la exigencia interior hacían que su espiritualidad fuera firme, fácil y agradable. Así nos lo inculcó a cada una de nosotras. La oración y la Eucaristía han sido siempre los grandes pilares de su fortaleza interior.
Su celo y su ansia de que todas las personas conocieran el Amor de Jesús y se extendiera por todo el mundo le hacía entregarse día y noche con todas las fuerzas a la causa del “Reino de Cristo”. El “Siento ansias de reinar” del comienzo de la Fundación lo sintió tanto, que solo quería que las personas que trataba le conocieran y le amaran. Trabajaba incansablemente para que reinara Su Amor en todos los hogares y en la sociedad que formaba parte de su vida.
Pero la M. Amadora, profundizando en el Corazón de Cristo, no sólo entendió la Eucaristía como regalo exclusivo de su Amor sino
3.2.- COMO EXIGENCIA DEL AMOR QUE NOS TRANSFORMA Y COMPROMETE
La Eucaristía es ante todo y sobre todo la invención del Amor de Dios al hombre. Una de las exigencias de todo amor verdadero es la presencia. Jesús, siguiendo está dinámica, inventa la Eucaristía para estar junto a las personas que más le necesitan presente en la humanidad. No quiere ser solo signo, sino quiere estar presente siempre con nosotros porque no puede dejar de amar profundamente al hombre.
Esta profundidad del amor de Dios al hombre la vemos expresada en los textos bíblicos de Mt 26,26-28 y de Lc 22, 19-20:
“Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo; lo partió y dándoselo a sus discípulos dijo: “Tomad y comed porque este es mi cuerpo; luego, tomando la copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: Bebed de ella todos, porque esta es mi sangre; la sangre de la Alianza” ¿Qué más puede hacer Jesús por el hombre que darnos su Cuerpo y su Sangre?
“Yo os daré un corazón nuevo y os pondré un espíritu nuevo: os quitaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne, para que caminéis según mis preceptos y observéis mis mandatos. Así yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo (Ez 11, 19-20)
A veces, las preocupaciones de la vida diaria nos llevan a enfriar nuestro amor; pero Dios, en su infinita bondad, viene siempre a nuestro encuentro, precisamente allí donde estamos, y establece una relación de amor y confianza con nosotros y, a cambio, nos pide muy poco; sólo ansía que abramos el corazón para inundarnos de su Amor.
Pero este excesivo amor incondicional y gratuito de Dios a cada uno de nosotros no sólo exige la apertura de nuestro corazón, sino nuestra correspondencia y nuestra unión con Él. Así nos lo ha expresado: “Quien come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él. El que coma mi carne vivirá por mí” (Jn 6, 56-57). Como veis la Eucaristía nos lleva a una inhabitación que consiste en que Jesús vive en mí y yo en Él y, por supuesto, nos lleva a una compenetración que nos permite ser prolongación e imagen transparente de Jesús; “Permaneced en mí y yo en vosotros” (Jn 15,4) . Es una gracia tan grande que nos obliga a esforzarnos por seguir e imitar a Jesús para que podamos decir con San Pablo: “Ya no soy yo, es Cristo que vive en mí” (Gál 2, 20).
* Pues esta inhabitación y compenetración con Cristo y la exigencia y correspondencia a Su Amor penetra en lo más hondo de la Madre Amadora y le lleva a una profunda intimidad con Él. Desde muy joven se caracterizó por un exquisito amor a la Eucaristía. “Pasaba muchos ratos en la Iglesia de mi pueblo y me sentía a gusto en ella, acompañando a Jesús en el Sagrario” nos confiesa. Su fidelidad, su ansia e ilusión de que le conozcan y le amen le lleva a arrastrar a las almas que Dios pone en su camino hacia Él. Daba un sentido espiritual a todo lo que rodeaba la Obra a ella confiada y sufría enormemente cuando no se pensaba a lo divino o no se buscaba su Reino.
Uno de los medios, que consideraba como respuesta a su Amor y como elemento importantísimo y esencial del Carisma que ella sintió, es la vivencia de la Consagración al Corazón de Jesús que continuamente inculcaba. Nos decía una y otra vez: “el “Cuida Tú de mí y de mis cosas que yo cuidaré de Ti y de las tuyas”, vividlo continuamente. Ya veréis qué paz y qué alegría os da, hijas mías”.
Creía, que vivir en esta línea, hacía que pudiéramos llegar a ser calcos de las actitudes del Corazón de Jesús. Así mismo deseaba que toda persona que se comprometiera a ser testigo del Reino bebiera en esta fuente de paz y abandono del Corazón de Cristo, como lo ha dejado impreso en las Constituciones y Directorio de nuestra Congregación.
La fidelidad a las inspiraciones que Dios le hacía sentir y la atracción amorosa hacia Él le llevan a mostrar la vida de Dios fácil y agradable. Su sed de almas que deja traslucir en su presencia y palabras, hacen huella en quien la trataba. Vive con dolor cualquier pérdida de las personas a ella confiadas o cualquier alejamiento del Dios que tanto quería, y más cuando venía de sus hijas, hasta tal punto que le hacía enfermar.
Ella referirá que estos sufrimientos le unían más a su Señor, le hacían confiar más en el Amor de su Corazón, para después abandonarse en sus manos y dejarse inundar de la paz en la aceptación de su Voluntad ¡Tanta era la sed insaciable de llevar las almas al Señor y el celo que sentía por ellas!
El centro de su vida fue el Sagrario, la oración continua y la Eucaristía. A la sombra de estos pilares se fortalecía de su pedregoso caminar. Mostraba la oración y el encuentro diario con el Señor como camino único de salvación y la consideraba como medio elemental para vivir con alegría la vida de entrega al Señor y a los demás. Era tal la fuerza de sus palabras, que arrastraba a quien le escuchaba a acercarse al Sagrario y a no separarse de él.
¡Cuántas veces la hemos visto absorta después de comulgar o a los pies del Sagrario, ratos y ratos a lo largo del día! Son muchos los escritos que lo atestiguan. Más de una vez repite: “El Sagrario es la caldera de vapor que calienta toda la casa. Una casa y una persona con poco Sagrario no pueden dar nada. Se seca”. “Las criaturas no pueden darnos felicidad; el valor y la fuerza nos la tiene que dar la Oración y la Eucaristía”. ”Me atraen fuertemente las almas, los pobres y abandonados, el Sagrario, su Reinado, la gracia y todo lo que sea Él”. La lectura de sus frases, sacadas de sus escritos, diario, apuntes, informes y cartas son ahora para quien las lee, instrumento para entregarse al Señor y conocer las riquezas de su Corazón.
Tenemos maravillosas frases o lemas nacidas de su ardoroso corazón. Permitidme que os cite algunas:
“Corta y quema, ¡Oh, Divino Corazón!, todo lo que en mí y en tu Obra no sea de tu puro amor”
Esta jaculatoria la sacó siendo ya Celadora y nos decía que, cuando sintiéramos actitudes o sentimientos que no fueran propios del Corazón de Jesús, la repitiéramos personalmente muchas veces. Ella no se consentía nada internamente que no fuera de su puro Amor.
“Ora, sufre, calla y espera”
Es su lema preferido. El Corazón de Jesús le infunde este programa al inspirarle la Obra, es decir, cuando la Madre Amadora verifica en su oración del 25 de marzo de 1942, que Dios quiere que nazca una Fundación dedicada a extender su Reino. La Inspiración de la Obra.
No sabe cómo, ni dónde empezar a realizar lo que ha sentido. Se le repite en su interior insistentemente: Ora, sufre, calla y espera hasta que mi Divino Corazón quiera empezar su Obra. –Pág. 140- libro de escritos y epistolario.
Este lema se ha hecho una frase lapidaria entre las Celadoras y la repetimos en los diversos y duros momentos de nuestra vida.
“Jesús, que deje de ser lo que soy, para ser lo que Tú eres”
Jaculatoria que repetía cuando los Superiores le indican un traslado a Zamora pasando por Salamanca. No quería ni apegos, ni otra ilusión que sólo Dios. El vacío parece que le inundaba porque estaba muy llena de sí misma, según confiesa, y para desasirse de todo apego a sus alumnas, repetía esta jaculatoria.
Pág. 136- libro de escritos y epistolario y Pág. 67- libro de su vida.
Esta jaculatoria está inserta en la vida de las Celadoras y es como un deseo a ser y tener los sentimientos del Corazón de Jesús e imitarle en los votos de pobreza y virginidad.
“¡Reina en mí, Corazón Divino!”
Jaculatoria que quería que pusiéramos como encabezamiento en los escritos, cartas, documentos, en las pizarras de las clases… y que actualmente ponemos en los encerados de las aulas cada día, como lema de cada jornada.
Ella así lo quería y así lo hacemos con los alumnos y con todo los escritos oficiales internos.
“Corazón de Jesús, apresura tu Reinado”
“Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y crezca en mí tu Amor”
Gracias a estas vivencias profundas y amorosas que cubren la vida de Madre Amadora, podemos disfrutar del tesoro de su mensaje
La fidelidad y exigencia le llevan a ver la Eucaristía como eje central de su vida y de su apostolado.
Hemos visto cómo la M. Amadora concibe su amor a la Eucaristía, no sólo como el regalo más hermoso que nos da el Corazón de Jesús y como exigencia de su Amor, sino también:
3.3.- COMO ENVÍO A LA MISIÓN Y COMO UN COMPROMISO DE ENTREGA Y SOLIDARIDAD A FAVOR DE LAS PERSONAS MÁS POBRES Y NECESITADAS
Antes de pasar a explicar ese aspecto en la Madre Amadora, permitidme que hagamos unas reflexiones.
La Eucaristía es también la fuente permanente de la misión de la Iglesia y de todas las tareas evangelizadoras. Cristo se presentó a los suyos para “exhalar” sobre ellos el don vivificante del Espíritu e iniciarlos en la gran aventura de la “evangelización” (Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, 58). Pues ciertamente la Eucaristía nos lleva a la misión porque:
1. º.- Nos manifiesta la esencia del contenido evangélico. La Eucaristía contiene el núcleo central del Evangelio que es transformar y liberar al hombre a través del amor. En ella se nos comunica el maravilloso plan de Dios que es redimir a la humanidad; por esto la Eucaristía resume toda la historia de la Salvación y nos ofrece la Buena Noticia que resuena en el corazón de cada hombre. Continuamente oímos en nuestro interior: “Te amo, te amo tal y como eres. Te quiero así”.
2. º.- La Eucaristía es el móvil de la evangelización. Cada vez que tenemos un encuentro con Él estamos llamados a comunicar a los otros: “Hemos visto al Señor”. Cuando experimentamos el amor extremo que nos ha tenido y reconocemos su presencia, sentimos la urgencia de transmitir a los demás la Buena Noticia: “Id por todo el mundo y proclamad el evangelio” (Mc, 16,15), por esto la Eucaristía es la fuente de todo apostolado y de todo testimonio cristiano porque, “Si Cristo ha dado la vida por mí, también yo la tengo que dar por mis hermanos”.
3º.- La Eucaristía es la fuerza de la evangelización que transforma el mundo. No solo nos da motivos para evangelizar sino que también nos da la energía necesaria para realizarla ya que nunca es tarea fácil y nos encontramos con obstáculos serios, tanto en nosotros mismos como en el campo donde nos movemos
Necesitamos recobrarnos a los pies del Señor y entrar en su Corazón para sentir la fuerza, el empuje y el ardor de difundir su mensaje de amor con urgencia a un mundo lleno de contradicciones, a un mundo “globalizado”, a un mundo donde los más débiles, los más pequeños y los más pobres son ignorados y despreciados. Este es nuestro compromiso; transformar el mundo según el Evangelio
4. º.- La Eucaristía es el medio y meta de nuestra evangelización. El contenido principal de nuestra existencia, nuestra esencia, lo que somos y vivimos, no es otro que ser testigos del Corazón de Cristo y compartir su mensaje de amor entregándonos incansablemente a la humanidad. Este es el medio privilegiado de evangelización. Juan Pablo II en su encíclica Eccesia de Eucaristía, n. º 22, nos recuerda que la Eucaristía es la cumbre de toda evangelización, puesto que su objetivo es la comunión de los hombres con Él, con el Padre y con el Espíritu Santo.
Por lo tanto, nuestra meta de evangelización tiene que ser la participación plena del hombre en la vida divina del “banquete del Reino de los Cielos” como nos dice una y otra vez Jesús. Esta tiene que ser nuestra consecuencia y fin evangelizadores; pretender llevar a los hombres a participar del Amor de Dios.
* Vistas las bases de la misión evangelizadora que se cimentan y se nutren de la Eucaristía pasemos a considerar cómo la M. Amadora las llevó a cabo en su vida y en su Obra Social.
La Madre Amadora comprende que el sentido de las palabras: Eucaristía, Santa Cena, Ofrenda, Koinonía expresan amor, participación, entrega y filiación divina. Ve como Jesús acoge a los pecadores, come con ellos e invita a la gran Cena del Reino a pobres, lisiados, cojos y ciegos. Entiende que los pobres son los destinatarios de la Buena Nueva y que el Evangelio es la Buena Noticia de liberación para los más necesitados.
Consciente del mensaje evangélico de Amor de Jesús, siente una enorme predilección por la gente sencilla y humilde. Está muy atenta a las necesidades humanas de su época. Siente y hace suyo el clamor de los pobres y, por ellos, deja su bienestar para darse totalmente a todos los que la reclaman. Quiere dar el pan de Dios y el pan de cultura a la sociedad de su época y por esta causa deja su querida Congregación de las Siervas de San José y se aventura al riesgo de realizar la fundación de la Congregación de Celadoras.
Me diréis y:
¿Cómo empieza su labor? Acogiendo a niños pobres que no tienen
medios para promocionarse y, dándose totalmente a ellos, poco a poco los va integrando en la sociedad. Crea puestos de trabajo para que puedan crecer con la máxima dignidad. Abre un internado de niños que carecen de medios económicos y, con mucha paciencia, estudios y dedicación, logra la formación completa de los hijos de numerosas familias necesitadas.
Sus idas y venidas a ciudades, aldeas y pueblos le lleva a crear talleres de apoyo y culturización básica, a instaurar y entronizar el Corazón de Jesús en los hogares. Imparte clases de cultura general nocturnas y diurnas, deja establecido; el Apostolado de la Oración, La Consagración al Corazón de Jesús de numerosas familias, los Primeros Viernes de mes, la Hora Santa, la Acción Católica, personas reparadoras con vela continua del Santísimo diurna y nocturna, movimientos de oración parroquiales y eclesiales y, además, el cuidado de la liturgia, del templo, la buena preparación y ambientación de las devociones populares de los diversos pueblos de la geografía española y tantas actividades que sería largo enumerar aquí. Era una mujer incansable en extender la causa del Corazón de Jesús y su mensaje de amor evangélico. Así ha dejado instaurados en numerosos pueblos y barrios, Centros de espiritualidad, de cultura y de acogida.
Como vemos la Madre Amadora siempre ha tenido predilección por las personas necesitadas y carentes de medios para sobrevivir. Nos ha dejado realizada una ingente Obra Social.
Aunque el origen de nuestro Instituto ha sido humilde y sencillo poco a poco se ha extendido la Congregación por muchos países y nuestra presencia se ha ampliado como semilla que germina y da mucho fruto; España, Perú, México y próximamente en otros lugares.
El espíritu dinámico, impulsivo y ardiente de la Madre Amadora ha calado tan profundamente en nosotras, sus hijas, que no cesamos de trabajar con entusiasmo por el Reino, viendo las necesidades más urgentes de nuestra sociedad carente de valores, con numerosas familias en crisis, impregnada de una fuerte desmotivación por lo religioso y cultural y cubierta de dificultades de todo tipo.
Esta es la obra que ha dejado a la Iglesia. Esta es la Obra Social que M. Amadora nos presenta. Sus hijas hemos intuido su mensaje y queremos dar una respuesta de amor a nuestra sociedad ayudando en todos los campos; cultural, religioso, humano, social, psicológico etc y, sobre todo, dando a conocer el amor del Corazón de Cristo en el puesto que se nos ha confiado aportando nuestro servicio alegre y humilde .
Nuestra misión o el Carisma que nos caracteriza, como ya he reflejado anteriormente, es: Extender y dar a conocer el mensaje de Amor del Corazón de Cristo en nuestra sociedad ¿Cómo?, con nuestro testimonio de servicio alegre e incondicional, con nuestra vivencia de unidad y caridad, con nuestra vida de sacrificio, entrega y celo apostólico al estilo de este Corazón que tanto ama a los hombres que es Jesús.
Nuestro apostolado o campo de trabajo es colaborar con la Iglesia en la construcción de la civilización del amor que, en resumen, es la extensión del Reino del Corazón de Jesús, dándolo a conocer a todos los hombres especialmente a los más pobres y humildes.
Ella, la Madre Amadora, nos lo recuerda más de una vez en sus pensamientos “La Congregación ha sido inspirada en un principio para conocer y atender aquellas almas que no tienen medios económicos y carecen de todo”.
* Pero, ¿De dónde nace su misión evangelizadora? ¿De qué fuente saca fuerzas la Madre Amadora para la misión ella confiada?
1. º.- De su correspondencia al Amor Eucarístico que recibe continuamente. La Madre Amadora desde muy joven comprende que lo primero que busca el Corazón de Cristo es que correspondamos a su amor y, la mejor respuesta, es vivir en profundidad la Eucaristía. Por esto ella da tanta importancia al Sagrario, a la Comunión, a la vida de intimidad con el Señor, a los detalles de amor, a la fidelidad en lo pequeño, al cuidado de todo lo que se refiere al Señor, objetos sagrados, rezos, posturas, decoro etc.
Podríamos enumerar citas y citas de sus cartas y escritos. Permitidme que os pase un pequeño ramillete de las preciosas citas que nos ha dejado:
- El Corazón de Jesús en la Eucaristía debe ser mirado y considerado como punto principal. Tenemos que desagraviarle por las ofensas que recibe. Procuren encender en su amistad a las personas que traten y darles a conocer su Amor y que tengan predilección por el Corazón de Jesús en el Sagrario.
- En uno de los momentos difíciles y duros del inicio de la Obra y ante las muchas dudas que le surgían escribe: Fuimos a un acto de capilla con exposición del Santísimo. Delante de su Divina Majestad me quejaba al Señor: “¿Ves como no he de poder hacer la Obra que Tú me pides?, ¿qué hago yo ahora?”. Sentí como un grande y fuerte reproche: “Mujer de poca fe, ¿por qué dudas?”. Me humillé y pedí perdón al Corazón de Jesús y, en seguida recibí consuelo en medio de lágrimas. Sentí una gran fe y nunca desmentiría que esta Obra se haría.
- Pasé dos horas delante del Sagrario, mientras la labor de las niñas; pensé en gran recogimiento los asuntos actuales del Instituto para sacar convicciones firmes, ¡estoy tan sola! Pero Él, Jesús, me basta, me llena, me chifla.
- A una superiora de una comunidad le escribe: Son momentos dificilísimos y urge más que nunca el estar recogidas en casita delante del Sagrario para implorar fuerzas y luces. Sacará más que lo que Vd. pueda hacer. Necesita mucho, mucho Sagrario.
- Escribiendo a sus hijas del Perú les dice: Muchas veces las recuerdo delante del Sagrario y pido que sean unas verdaderas religiosas, que sean conscientes del amor de predilección que Dios se ha dignado mostrarnos y, que por consiguiente, espera de nuestra parte una respuesta de fidelidad exquisita a su gracia de predilección. Si no ¿Para qué hemos dado el salto tan lejos si no vamos a estar totalmente entregadas a Él y sólo dedicadas a su servicio?
-Y en otro número: Las criaturas no pueden darnos felicidad; el valor, la fuerza nos la tiene que dar la Oración y la Eucaristía. Y qué razón tenía.
No terminaría de leer citas y citas donde vemos a la Madre Amadora apasionada del Corazón eucarístico de Jesús.
2. º.- De su experiencia de pobreza que le lleva y le urge continuamente a introducirse en lo más profundo del Corazón de Jesús.
La Eucaristía era para ella su gran fuerza, vivía profundamente las comuniones, pasando la mayoría de ellas con abundancia de lágrimas debido a que sentía muy fuerte a Jesús en su interior. Muchas veces, extrañada, yo le preguntaba que por qué lloraba; ella sólo me contestaba “Hija mía, siento muy fuerte al Señor dentro”. En sus últimos días y en su enfermedad, las Comuniones las hacía muy prolongadas y sumida en un recogimiento tal que impresionaba mirarla en estos momentos. Cuántos días hemos sido testigos de estas comuniones y como si despertara de un sueño profundo decir: “¿Te has dado cuenta, hija mía, lo grande que es el Señor?
Tenemos la suerte de ser testigos de su comentario en voz alta de la oración tan sublime de “Alma de Cristo santifícame, Cuerpo de Cristo sálvame...” que en sus últimos meses repetía después de comulgar como si estuviera sola con el Señor. Y, más de una vez nos decía: “La Sagrada Comunión y la más íntima unión con el Corazón de Jesús, son uno de los medios mejores de transformación más rápida. Sepan aprovechar estos momentos rumiando paulatinamente en el tiempo de la acción de gracias el “Alma de Cristo, santifícame” de San Ignacio. Esta oración es una fuente de grandes gracias”.
Y por último sacaba fuerza para su misión de:
3º.- De la vivencia de la consagración y de la reparación, pilares donde se basa la Espiritualidad del Corazón de Cristo. La Madre Amadora es testigo de la falta de amor que reina en la sociedad y sufre al ver la ausencia de Dios. Ya estando en las Siervas de San José, confiesa que cuando hacía sus viajes de Zamora, Lugo, Madrid y Salamanca siente hondamente ver como está España después de la guerra. Sufre, como hemos citado anteriormente, al ver cuántos niños y jóvenes no conocen Su Amor y ve cómo la causa de todos los desastres es la falta de amor. Es muy sensible a la indiferencia y desamor de los hombres al Corazón de Cristo. Éste es uno de los motivos que le lleva a fundar una nueva Congregación que tiene como Carisma, trabajo y misión; dar a conocer y extender el Reino del Amor de Jesús, como ya hemos indicado.
Muy influenciada por éste ansia de amor, da mucha importancia a todo lo que sea reparación y consagración al Corazón de Jesús que, como hemos citado anteriormente lo resume en: “Cuida Tú de mí y de mis cosas que Yo cuidaré de ti y de las tuyas”. A toda costa quiere reparar el desamor y para ello se exige y exige mucha fidelidad y comprende que la mejor manera de conseguirlo es la Eucaristía.
Esta es la faceta eucarística de la Madre Amadora que podríamos resumirla en dos aspectos:
Su pasión por el Señor. Estaba plenamente enamorada. Cualquier conversación con ella dejaba traslucir su intimidad con Él. Así nos lo ha inculcado a cada una de nosotras urgiéndonos a que valoráramos muchísimo la Oración y la Eucaristía.
Su ardiente deseo de que el Corazón de Jesús sea conocido y amado. Este deseo se convierte en ella en un fuerte celo y ansia de que su Amor se extienda por todo el mundo, al que se entrega día y noche y con todas sus fuerzas.
Y ya pasamos al cuarto apartado
4.- LA EUCARISTÍA, BASE DE LA CIVILIZACIÓN DEL
AMOR EN LA OBRA SOCIAL DE LA MADRE AMADORA
Permitidme unas consideraciones generales sobre este punto.
Si consideramos el contenido de esta frase de la evangelización del amor, convertida en el tópico más usado actualmente, no tiene otro significado que una entrega total a amar y hacer que el Corazón de Cristo sea amado en todos los lugares de la tierra. Es dar a conocer la infinita locura del don por excelencia del Amor del Corazón de Dios expresado en Jesús. Es experimentar el deseo de quedarse con nosotros dejándose hacer. Esta es la intención muy personal del Corazón de Cristo quien nos ama hasta el extremo: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Jn 13,1). Hasta el extremo, significa hasta dar la vida, sin escatimar en nada, absolutamente en nada, para manifestar Su amor.
Y pensó: ¿Cómo estaré con ellos día tras día hasta el fin de los tiempos? ¿Cómo les dejo un lugar para que vengan a dejarme sus cargas, vengan a contarme sus preocupaciones y tristezas y yo les pueda abrazar? ¿Cómo les dejo mi memorial de amarse los unos a los otros y que sea recordado para siempre; en donde todos aquellos que me busquen encuentren el consuelo que les falta y el amor que necesitan, que encuentren el sitio donde son protegidos y amados profundamente?
Y… lleno de amor al hombre, Jesús instituyó la Eucaristía y en ella nos dejó su CORAZÓN para que experimentemos y nos contagiemos de su excesivo amor, para que pensemos siempre que somos amados y somos amados tanto… y para que nuestra debilidad se fortalezca al contacto suyo.
Porque cuando la fuente y el corazón de nuestra vida es la Eucaristía experimentamos sus frutos que nos ayudan a acrecentar nuestra unión con Él, “Quién come mi carne y bebe mi sangre está en mí y yo en Él” (Jn 6, 56), nos lleva a experimentar su presencia en nuestro corazón que hace que se nos perdonen y se borren todas las faltas de amor contra Él y contra los demás, nos fortalece en nuestra vida diaria que continuamente tiende a debilitarse y nos transforma llenando nuestro corazón de amor, de tal manera, que nos impulsa a transmitir y a dar a conocer a los hombres este amor recibido; así lo refería Juan Pablo II a los jóvenes: “Que nunca os falte, queridos jóvenes, el Pan Eucarístico. De este pan podréis sacar fuerza para transmitir vuestra fe con la ilusión y garra de todo joven que vive su cristianismo hasta las últimas consecuencias.
Por último la Eucaristía entraña un compromiso a favor de los demás, especialmente los más débiles, porque al estar unidos a aquél que recibimos, nos hacemos más conscientes de las necesidades de los otros, sentimos el compromiso de ser apóstoles, de llevarle a todos los hombres sin distinción y de ayudar a los pobres, a los enfermos y a todos los que sufren.
Estos frutos son la base y fuente de la evangelización del amor. A imitación de Jesús nos hacemos solidarios y misericordiosos, compasivos, serviciales y amorosos como Él. Los Papas llaman a este camino de entrega a los demás: “amistad” (León XIII en la Rerum Novarum); “caridad social” (Pio XI en la Quadragesimo Anno) y Pablo VI lo llamó evangelización del amor que en resumen, como ya hemos dicho, es el compromiso firme y perseverante por el bien de todos y el estar atentos a las necesidades que sufre la humanidad.
Este es el amor sin límites que nos propone Jesús.
* Pero, ¿Cómo realiza esta “civilización de amor” la Madre Amadora?
M. Amadora amó en extremo. Siempre hizo el bien. El amor a los demás era una exigencia continua en ella. Sabía comprender, perdonar y amar a todo el mundo. Tenía elegancia para corregir con amor las transgresiones y avisar a las personas de los peligros que amenazaban el camino emprendido. M. Amadora, si en algo fue impresionante, fue en la práctica de su entrega desinteresada manifestada en las actitudes del amor y unidad. Esta es la esencia de la Institución que ella fundó. En estos dos valores era tremendamente exigente consigo misma y con sus hijas. Concebía el Reino como amor hecho servicio, misericordia y comprensión, y este amor quiso que fuera el centro de nuestro distintivo nacido de este Corazón que tanto ama a los hombres. Somos testigos de cuánto sufría cuando no era practicado así.
Su persona contagiaba cariño, maternidad, comprensión y acogida, actitudes que hicieron de ella una gran madre que se desvivía por todos y de una manera especial por los más desfavorecidos, manifestándoles una enorme humanidad y acogida. Ella ha entregado su vida al trabajo de ayudar, aliviar, así como dar cultura a tantas personas necesitadas y lo ha hecho en cuerpo y alma, de día y de noche y con todas las fuerzas como ya he expresado anteriormente.
Fue incansable en la entrega a los demás haciendo siempre el bien. Le cubría un sexto sentido que le hacía adivinar las necesidades de las personas que le rodeaban. Favoreció, formó y colocó a todos aquellos que no tenían medios ni recursos para salir adelante en aquella época. “El testigo del Reino tiene que ser entregado a Dios y a las almas”, nos repetía continuamente.
Comprendía que el Corazón de Cristo manifestado en la Eucaristía es la expresión máxima de amor de su corazón de carne y es el principio y base donde se asienta toda la vida interior porque es el horno ardiente donde nos calentamos y donde encontramos todos los tesoros de su sabiduría, misericordia y amor y, por esto, por esto permanecía largos ratos junto al Sagrario. Hizo suyo el testamento de Jesús que nos refiere San Juan en el capítulo 3, 16; Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. Ninguno tiene mayor amor que este: dar la vida por sus amigos (Jn, 15, 12-13) y… Ardientemente he deseado comer con vosotros esta pascua antes de padecer leemos en (Lc., 22,15).
La Madre Amadora conocía y se alimentaba del testimonio de los escritos de los Santos Padres, sabía que el curso de la Historia de la Iglesia está regado de encíclicas, discursos y cartas de los más diversos papas; desde Pío IX, que extendió la fiesta del Sagrado Corazón a toda la Iglesia; León XIII, consagró el Género Humano al Sagrado Corazón con su Annum Sacrum; Pío XII publicó su Haurietis Aquas; Pío XI que nos dejó su encíclica sobre la reparación Miserentísimus Redemptor. Recientemente Juan Pablo II nos ha dejado, como todos sabéis una preciosísima carta encíclica Ecclesia de Eucaristía de abril de 2003, donde se nos muestra como misterio de fe, como edificio y fuente de la Iglesia, como comunión y participación de la unidad de la Iglesia y como aprendizaje en la escuela de María, mujer “eucarística”.
Así entendió la Madre Amadora la bondad del amor del Corazón de Dios que está deseoso de nuestro amor y que nos repite una y otra vez: Venid a mí los que estás fatigados y agobiados que yo os aliviaré porque mi yugo es suave y mi carne es ligera y aprended de mí, pues soy manso y humilde corazón y hallaréis reposo para vuestras almas (Mt., 11,28-30).
Ella nos inculcó y ha dejado en las Celadoras un estilo de vida eucarístico como respuesta a su Amor porque basaba la Espiritualidad del Corazón de Cristo:
1º.- En el proyecto de amor infinito de Dios sobre cada uno de nosotros. Para entrar en el Corazón de Jesús lo primero que debemos hacer, afirmaba, es creer, sentir y experimentar el amor incondicional que nos tiene y la prueba máxima de su Amor es la Eucaristía.
2º.- En la respuesta que debemos dar a tanto amor como se nos da. Lo primero que busca y espera el Corazón de Jesús es nuestro amor y el mejor lugar donde podemos hacerlo es a los pies del Sagrario y en la Eucaristía. Y, por último,
3ª.- En la reparación: Al Corazón de Cristo le duele la indiferencia y el desamor de los hombres.
Permitidme que haga un inciso y os recuerde esta bellísima escena de San francisco de Asís que cuentan sus biógrafos y que a mí me impacta. Un día el fiel “secretario de Francisco” siempre atento a cuanto sucedía en la vida del padre y hermano Francisco, le oye llorar y aunque con dificultad, es capaz de oír aquellas conocidas palabras de “El Amor no es amado, el Amor no es amado”. Con gran respeto como quién entra en el santuario de la más profunda intimidad de un hombre de Dios, Fray León le pregunta: “¿Por qué lloras Fray Francisco?” Francisco no responde, tan sólo continúa diciendo: “el Amor no es amado, el Amor no es amado”...
Fray León, quizás para consolarle, pero seguramente convencido de lo que decía, interrumpe el llanto de Francisco y le dice: “pero Francisco, ¿no te parece que has hecho bastante por Jesús, dejando a tu padre y a tu madre, a tus amigos y un futuro de gloria? y Francisco responde: “No, no es bastante”.
“Pero Francisco, continúa diciendo Fray León, ¿no te parece bastante quitándote la ropa delante de todos, pidiendo limosna por las calles de la ciudad, abrazando a un leproso hasta el punto de pasar por loco ante los tuyos?, “No, no es bastante”- responde todavía Francisco.
Por tercera vez Fray León insiste: “Francisco, ¿no te parece suficiente sufrir como estás sufriendo a causa de los estigmas, de la rebeldía de los ministros, de la enfermedad de los ojos?”. Y todavía una vez más Francisco, esta vez, con voz fuerte, grita: “No, no es bastante, no es bastante”. Y concluye: “escribe y recuerda en tu corazón, Fray León: “el Amor no, no es amado; Dios es el nunca bastante”. Este es el grito de un enamorado a quien parece siempre poco lo que hace por el Amor.
Dios no se contenta con una parte de nuestra vida. Dios quiere todo nuestro ser, quiere nuestro corazón. La reparación es necesaria y máxime en toda persona enamorada y, la mejor manera de hacerla, es visitar y estar junto al Santísimo Sacramento dándole todo nuestro ser. Tenemos que pedir desde nuestra pobreza, la gracia de percibir los latidos de su Corazón que continuamente nos dice: “Tomad y comed, esto es mi Cuerpo” y así, responderle con profundo amor.
Hoy y siempre al mundo, acuciado por tanta necesidad, le urge conocer que hay un pan que puede saciar su hambre y sed de felicidad y puede darle una vida nueva; “Yo soy el pan bajado del cielo. Quién come de este pan vivirá para siempre” ( Jn. 6, 51) nos dice Jesús en su Evangelio.
Por lo tanto a nosotros nos corresponde adorar y repetir esta maravillosa oración compuesta por Santo Tomás, dedicada a la Eucaristía: “Te adoro con fervor, Deidad culta, que estás bajo las especies escondida, a Ti mi corazón se rinde entero y desfallece todo si Te mira”. A nosotros nos corresponde participar en la acción de gracias por lo que somos y por todo lo que tenemos. A nosotros nos corresponde contemplarle desde la fe y con fe decirle como el campesino respondió al santo Cura de Ars, que asombrado de ver que siempre hacía una visita a la Iglesia cuando iba y volvía de su trabajo rutinario.
Acostumbraba a dejar la azada y el hato a la puerta; entraba y permanecía un buen rato de rodillas delante del Sagrario. El Santo Cura lo había observado; le llamó la atención que sus labios no se movían, aunque los ojos no se apartaban ni un momento del Sagrario. Y un día le preguntó: Dígame: ¿Qué le dice al Señor durante esos largas visitas?, y el buen hombre respondió: “Yo le miro y Él me mira”. Este hombre tenía mucha fe y mucho amor. Dos miradas se cruzan: la mirada de Jesús, llena de amor sobre nosotros y nuestra mirada, llena de pobreza hacia Él. Si nuestra mirada flaquea la mirada amorosa de Jesús no vacila jamás.
A nosotros nos corresponde entregarle, en pleno abandono, nuestra miseria y pobreza. Y, por último a nosotros nos corresponde amar: Jesús gritó sobre la cruz: “Tengo sed” (Jn 19,28). Esta llamada ya había sido urgida a santa Margarita María: “Tengo necesidad de ser amado en el Santísimo Sacramento”. Él quiere estar y ser el centro de nuestra existencia. Quiere que realicemos su proyecto de amor en cada uno de nosotros.
Visto así el amor del Corazón Eucarístico de Cristo es apasionante. Nos lleva a entrar en el horno ardiente de su Corazón y allí, de maestro a discípulo, de corazón a corazón, aprender en su escuela. Aprender a pensar como Él piensa, aprender a amar como Él ama y aprender a actuar como Él actúa.
Por lo tanto necesitamos reproducir la imagen del Corazón misericordioso de Cristo, querer como Cristo, mostrar el amor como Cristo con la ternura humana y divina que Él nos da continuamente. Necesitamos en una palabra ser misioneros del amor estando siempre en sintonía con Él. Un amor fuerte que nace de las entrañas del Corazón amoroso de Jesús.
Pues bien. Esta es la base de la Espiritualidad de la Madre Amadora y donde se asienta su vida.
Y ya terminamos. Pasamos finalmente al último punto
5.- SOMOS EVANGELIZADORES DEL AMOR, DEL PERDÓN Y DE
LA MISERICORDIA.
Hemos visto la espiritualidad del Corazón de Cristo plasmada en la Madre Amadora y en su Obra Social y hemos visto la importancia de la Eucaristía en la labor del testigo del evangelio como portador del perdón y de la misericordia.
Yo os diría y me digo, ahora y hoy, que necesitamos, con urgencia, ser constructores de la evangelización del amor en la medida de nuestras posibilidades. Permitidme que os diga desde mi pobreza el cómo:
• Aceptando en primer lugar el perdón y el amor gratuito de Dios
• Ofreciendo nuestro servicio sin exigir nada a cambio
• Siendo personas llenas de compasión
• Amando en extremo a los más débiles, enfermos, hambrientos, carentes de amor, jóvenes, niños etc.
• Ofreciendo el perdón hasta setenta veces siete, pero también ayudando a: “no peques más”
• Siendo como Jesús que:
o Salva lo que está perdido (Lc. 15,1)
o Se enternece ante las necesidades de la muchedumbre (Mt. 9-36)
o Es misericordioso como su Padre es misericordioso. Es su reflejo (Lc. 6-36)
o Se llena de compasión con el que más le ha ofendido (Mt.18,23-35)
o Juzga según la misericordia practicada (Mt. 25,31-46)
Me viene a la mente una escena de la Madre Teresa de Calcuta. En cierta ocasión una periodista le preguntaba que cuál era la fuente de la que ella se nutría para amar a los seres más desfavorecidos del planeta: “¿Cómo es posible que Vd., una mujer de buena familia, con un futuro prometedor, deje todo y se dedique a los que nadie quiere ver, mirar, ni tocar? ¿De qué se sirve Vd. para convivir con estos desgraciados?” y la M. Teresa le contestó: “Mi energía y mi fuerza la recibo del Sagrario”. Esta mujer ejemplar, la madre de los más pobres de la tierra alcanzó el máximo grado en hacer el bien a los marginados, sencillamente de largas horas de oración, de rodillas o postrada ante el Sagrario pensando “Dios está aquí y es el gran asombro de amor entregado hasta el extremo”. Ardía en amor de Jesús- Sacramentado que le penetraba hasta la médula
Pero, como evangelizadores del amor de Dios ¿Podemos estar indiferentes y pasivos al ver una humanidad que cada día se aleja más del Señor?, ¿ver una humanidad que quiere crecer al margen de Dios incluso negando su existencia, una humanidad sin Padre y por consiguiente sin amor; huérfana, desorientada y preparándose a su propia autodestrucción? No podemos quedarnos indiferentes. Cristo nos necesita.
Yo os animo, desde aquí, a ser testigos comprometidos en anunciar el mensaje evangélico de amor en el ambiente donde estemos, porque toda persona comprometida en una entrega incondicional por el Reino tiene que partir de un compromiso vivido con toda la plenitud posible. No podemos dar lo que no tenemos. Necesitamos que el mundo nos vea:
Entregados gratuitamente al servicio del Evangelio
Personas orantes que interiorizan la Palabra de Señor. Que se manifiestan con profunda experiencia de encuentro
Personas impulsoras del mensaje de Amor de Jesús, que arden de fuego y ansias de su Reino
Evangelizadores y profetas que se dejan guiar por el Espíritu que ve más allá y llega hasta el fondo y hasta las raíces de cada corazón
Personas libres para extender el Reino de Amor de Cristo
Personas que viven con gozo su entrega, manifestada en la vivencia de sus compromisos; abrazadas libre y gustosamente a la auténtica pobreza evangélica, a la virginidad consagrada y a la obediencia incondicional a Cristo; que en definitiva es no vivir para nosotros mismos sino para la causa del Evangelio.
Personas abiertas a la acción evangelizadora de la Iglesia universal
Por lo tanto, y ya termino;
Urge comprometernos a ser apóstoles de una nueva civilización de amor.
Urge que demos testimonio con nuestra palabra, con el ejemplo de la vivencia de nuestra fe, con nuestra experiencia Eucarística, con nuestra aceptación del mensaje evangélico. Y bien sabemos que para ser testigos de Cristo, para dar testimonio de Él, hay que ponerse en su escuela, penetrar en su Misterio de Amor al hombre para vivir como Él y, los mejores medios son la Oración y la Eucaristía.
Somos necesarios en nuestra sociedad. Se necesitan con urgencia anunciadores auténticos y sinceros del mensaje evangélico. Se necesitan personas que estén al lado del que sufre y del que desea conocer el Amor de Dios. Se necesitan personas que ayuden a dar sentido a la vida a través de la fe y el Amor de Dios.
Urge cada día más contactar con personas entregadas y sacrificadas en el servicio a los demás, como Jesús que se ofrece a entregarse al hombre bajo las especies de pan y vino.
Urge construir una humanidad liberada del mal, donde sólo exista un mandamiento nuevo:“amaos los unos a los otros como Yo os he amado”. Urgen hombres nuevos que se alimenten de la Eucaristía, que ofrezcan la Buena Nueva de Cristo a todo el mundo y que vivan la experiencia de fraternidad.
Como veis tenemos a nuestra vista una labor fecunda y grandiosa. Desde aquí os animo a entrar con ilusión en este maravilloso camino, y a colaborar en la construcción del Reino nacida de la escuela del Amor Eucarístico del Corazón de Cristo. Me diréis: ¿dónde? y desde mí pobreza os contesto; en cualquier lugar donde estéis y ¿cómo?, a los pies del Sagrario en la oración personal, pobre y necesitada. Una vez más conviene que en nuestros oídos retumbe: la Iglesia y la Sociedad me necesitan. Así que ánimo. Compartamos juntos este camino misionero. Unidos lograremos ser pequeñas semillas del Reino donde estemos ¿Qué importa el lugar y el trabajo a desarrollar? Dios nos necesita y “Aquí estamos, Señor, para hacer tu voluntad”. Caminemos por los caminos del mundo, llevando el Evangelio a todas las naciones, llevando el don de su amor a los hombres de todos los tiempos.
Acojamos el mensaje del Papa Juan Pablo II, que una y otra vez nos repite: ¡Sed también vosotros testigos del Amor de Cristo!, ¡acoged en vuestros corazones las palabras de Jesús: “La mies es mucha y los operarios son pocos, rogad para que mande operarios a su mies”. En la Eucaristía; escuela del amor fraterno. En la Eucaristía, escuela de humanidad encontraremos nuestra fuerza para ser Testigos de su Corazón. Y el Papa Benedicto XVI en la homilía de la Misa de inauguración de su Ministerio nos decía: “Los cristianos y los consagrados son los testigos transfigurantes de la presencia de Cristo”
Y terminamos poniendo a los pies de la Virgen, llamada por el Papa Juan Pablo II “mujer eucarística” y “la primera portadora de Jesús Eucaristía” todas nuestras inquietudes y esperanzas, confiando que Ella será nuestro guía en la aventura de transmitir al Amor de Dios. Pidámosle, a nuestra Madre, por intercesión e la Madre Amadora, que nos ayude a llevar la presencia de Cristo a todos los rincones del mundo, que nos ayude a seguirle fielmente, día tras día en nuestra vida.
PORQUE, HOY MÁS QUE NUNCA ¡URGE QUE CRISTO REINE!
¡QUE LA EUCARISTÍA SEA NUESTRA FUENTE Y ALIMENTO PARA QUE EL CORAZÓN DE CRISTO SEA CONOCIDO Y AMADO!
¡SEAMOS TESTIGOS ALEGRES Y COMPROMETIDOS DE LA BUENA NOTICIA AMOR CRISTO!
Y antes de terminar os pido unión de oraciones para que el proceso de santificación de la Madre Amadora, que va muy bien, vaya rápido y podamos tener un modelo más en la Iglesia. Acudamos a ella. Sentiremos su ayuda. Sí deciros que si recibís algún favor de ella nos lo comuniquéis.
Nada más.
Una vez más muchas gracias D. Francisco por permitirme esta intervención y muchísimas gracias a todos por escucharme con tanto cariño y tanta paciencia. El Corazón de Jesús os lo premiará
¡MUCHÍSIMAS GRACIAS! Y ¡BUENOS DÍAS A TODOS! ¡FELIZ FIN DE SEMANA!
Francisca Sierra Gómez. C. R. C. J.
Superiora General
|